Volvía a llover. Aires de tormenta en el cielo y en el motorhome de McLaren. Alonso sabía que la traidora en Fuji no había sido la lluvia y que las siete décimas que le desaparecieron en la clasificación de Shanghai no eran culpa suya. Tres veces, tres, había cometido alguien en su equipo el mismo error: la presión de sus neumáticos, por mucha o por poca, no había sido la adecuada. No lo fue en la clasificación de Fuji, donde Hamilton, para sorpresa de todos, le robó la pole bajo la lluvia. Tampoco lo fue en el juego de neumáticos que montaba cuando tuvo el accidente. Ni lo fue en la clasificación de Shanghai. Uno puede hacerse el ingenuo y no querer pensar mal, pero el mismo error tres veces seguidas en un equipo como McLaren. . . Ni se lo cree Fernando, ni se lo cree nadie. . .
Ayer en Shanghai, Alonso luchaba contra algo más que los doce puntos que le sacaba Hamilton. Luchaba contra algo más que la animadversión de sus jefes. Luchaba contra los esfuerzos de su equipo para destrozarlo dentro y fuera de la pista. Pero esta batalla la ha ganado o, si queréis, la han perdido Hamilton, o las dos cosas.
Desde el principio ambos pilotos de McLaren se lanzaron a por todas, Hamilton para sentenciar el mundial y Alonso para aguarle la fiesta. Fernando salió como un tiro. Una de esas salidas que rara vez hemos visto este año porque el MP4-22 no lo permite, pero la lluvia cambió las cosas. Directo desde la arrancada a buscar una trazada exterior como le gustan en mojado. Adelantó a Massa y hubiese ido a por Räikkönen en la siguiente curva si el brasileño no hubiese tenido la gentileza de darle otro toquecito, y van tres, que al final le permitió llevarse el gato al agua. Así, mientras Hamilton se escapaba confiado en cabeza a golpe de vuelta rápida, Alonso sufría detrás de Massa. Era más rápido, pero, en las condiciones en que estaba la pista, era imposible acercarse para adelantarlo.
Hasta que pasó lo que tenía que pasar. Cómo era posible que Hamilton tuviese una velocidad tan apabullante sobre Räikkönen? Euforia e inexperiencia. Mientras los demás reservaban sus gomas para el momento clave, como hizo el finlandés recortándole cinco segundos en la primera parada en boxes, el inglés se dejó llevar y sus gomas empezaron a flaquear. Kimi y Fernando, los dos cazadores implacables se acercaban a ritmo constante y letal. Y en McLaren se pusieron nerviosos. Seguro que Dennis revivía las persecuciones Alonso a Räikkönnen en el 2005. Quisieron sentenciar y decidieron que Lewis aguantara un par de vueltas más. No luchaban contra Kimi, "luchábamos contra Alonso", dijo el mandamás de McLaren. Pero era tarde. El niño bonito del equipo rodaba en los alambres cuando se decidieren a cambiarle las gomas. Y cometió un error, comprensible visto el estado de sus neumáticos, pero error. Parece que se olvidó que, aunque la trazada en pista estuviese casi seca, por la calle de entrada a boxes apenas pasan monoplazas y aún estaba mojada. Y acabó en la trampa (nunca mejor dicho) de graba; esta vez no hubo grúas ni coches de seguridad sospechosos para sacarlo del aprieto. Esta vez el inglés tuvo que contemplar desde el box como Fernando y Kimi daban un recital en una pista ni mojada, ni seca, ni todo lo contrario.
No sabemos si también por problemas en las gomas o para probar primero en Felipe, que ya no se juega nada, lo que usar luego con Kimi, Massa entró poner ruedas de seco y dejó vía libre a Alonso. Tras Fuji,tras el fiasco de la clasificación, tras el toque de Massa en la salida, con su rival en fuera de combate y Massa luchando en medio del pelotón con ruedas de seco mientras volvía a llover, Alonso resucitó. Enfadado pero con un atisbo de esperanza y dispuesto a seguir peleando. Y le sobraron batallas: la primera, por seguir en aquel asfalto tan complicado y cruzar la meta restando puntos al rival; la segunda, por ganarle el terreno a Massa y darle en la última parada el hachazo que no pudo en la salida (y vaya si se lo dio); la tercera, porque si ocho puntos estaban de cojones, una victoria estaba aún mejor. Así empezó el intercambio de vueltas rápidas con Kimi. Un Kimi que también veía un poco de luz en el mundial y se aferró a la victoria (la número 200 para los de Maranello) como siempre lo hace cuando le dan el coche adecuado. Al final no hubo manera, Alonso decidió asegurarse sus ocho puntos y guardar su motor para Brasil, donde Lewis tendrá uno fresquito.
Kimi, Alonso, Massa. Esas fueron las caras que se vieron el podium, con el permiso de un Kubica otra vez sensacional que volvió a sufrir un fallo en su BMW en el momento más inoportuno. Sin embargo, las caras más felices las veíamos en el box de Toro Rosso: Vettel soberbio, cuarto gracias a otra carrera brillante y a una estrategia de libro, y Liuzzi, sexto, completando el mejor resultado para la historia del equipo italiano, el antiguo Minardi.
La de ayer fue una de las mejores carreras de temporada, además de porque Kimi y Alonso hayan resucitado el mundial y la lluvia de Shanghai haya aguado la fiesta a los ingleses, porque tuvimos pelea y emoción durante las 56 vueltas por todas y cada una de las posiciones, del primero al último: adelantamientos y amagos, piques y trompos, golpes de efecto y sorpresas. Ayer pudimos volver a disfrutar de la Formula 1 sin que nadie metiese sus manazas sucias en el espectáculo. Ayer, Fernando Alonso volvió a demostrar, pese a quien pese, es un campeón, porque pase lo que pase no se va a rendir y va luchar contra todo y contra todos hasta el final, hasta el último aliento, hasta el último banderazo a cuadros del 2007. . .
. . . solo en mitad de la tierra,
firme sobre roca firme.
Herida, vibra su carne
cripándonos de coraje.
Prepara tu salto último.
Di vida o muerte, corbarde!
Prepara tu último salto,
que Asturias está aguardándote. . .
VAMOS, NENO!!!
P. S.- Sí sí, ya se que la letra no es así; espero que vosotros y Victor Manuel me perdonéis la licencia para la ocasión.
P. S. S.- Que por qué no he escrito nada estos días? Pues porque la última semana el 80% de mi trabajo ha consistido en escribir, así que, cuando llegaba a casa, necesitaba desconectar la neurona y alejarme del ordenador.