miércoles, 25 de octubre de 2006

Anjin-san arriva a København

Pues sí amiguetes, Anjin-san tiene la culpa de que no os haya contado nada durante el fin de semana. Oye, como mola esto de echar la culpa a los demás, y qué fácil, voy a empezar a hacerlo más a menudo. A lo que iba, que el tío se vino de visita el jueves, hasta ayer. Los demás no sé a qué estáis esperando.

Como suele ser tradición en estos casos, en casa paramos poquito, a comer y a dormir lo justo para seguir con fuerzas para hacer turismo y mantenernos despiertos mientras nos sonreían las danesas por las noches. Ha sido agradable, especial, tener
en casa un amigo, alguien de mi antiguo hogar. Reconfortante poder hablar de lo que ocurre en aquel pedacito de mi hogar sin necesidad de ningún aditamento tecnológico, de primera mano, sin lag. Supongo que, ahora, a su vuelta, él también llevará un pedacito de todo esto a Gijón y será más fácil para todos, o para algunos al menos, poner los lazos que nos unen otra vez en su sitio.

No os voy a contar más de este fin de semana, es una labor que le dejo a él, así que prestad atención a los comentarios. Hala! Ya te he cargado el muerto. Je je...

Hoy iba a hablaros de mi espada, os acordáis de ella? Es algo que le dije a una a amiga que escribiría; pero esta tarde mi pluma, más bien mi teclado, tuvo que acudir presto a rescatar una princesa y defender un par de honores. Ya veis, me estoy convirtiendo en una plu..., teclado mercenario. Cómo mola! (Más vale que esté bueno ese vino, cariño.) Pero después de todo, me ha quedado un artículo elegante y socorrido, no?

Antes de terminar, mientras escribía esto me han contado una anecdota que ha hecho asomar unas lagrimillas a mis ojos. Felicidades, rata! Felicidades a todos los que alguna vez nos atrevimos a alzar la voz cuando pretendieron hacernos comulgar con ruedas de molino, a los que gritamos "No!" cuando pretendieron que asintieramos en silencio a alguna parida. Ya veis a un servidor le emocionan el acero templado y los gritos de guerra.

Ah! Casi se me olvida, la vista de Anjin-san, además, me ha dejado una bonita foto mía, y sólo mía. Sabéis dónde? En Nyhavn!


P.S.- Y yo con estos pelos... Mecagüen!

1 comentario:

  1. Eso es la típica foto de copenhage, ¿no? (lo de atrás, quiero decir). Pues nada, gracias por tu espada mercenaria. Yo la semana pasada también evité comulgar con ruedas de molino, de hecho lo iba a escribir pero se me quitaron las ganas (elegancia, supongo). Felicidades a la rata de mio parte también, a veces cuesta, pero merece la pena, como dice el comandante zero, aunque sólo sea ocmo ejercicio hacia nosotros mismos.

    ps.- El montesierra, o cualquier otro somontano, SIEMPRE está bueno.

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