martes, 6 de junio de 2006

De bicis, risas y amigos viajeros.

Hacía tiempo que no me reía tanto como el fin de semana pasado. Empezamos el miércoles por la noche! La culpa, de un trio de impresentables que se vinieron de visita: Hugo, Victor y Gorka. Los tres son becarios en las embajadas españolas, Hugo está en Helsinki y Gorka y Victor en Oslo. A estos dos no los conocía de nada hasta que llegaron el jueves; pero suele ser algo sin importancia tratándose de españoles en el extranjero y aquello de los amigos de mis amigos...

Ni que decir tiene que no paramos un momento. De día a hacer turismo y de noche, más turismo... Descubrimos un par de garitos interesantes; pero sobre todo algo que echaba de menos desde que llegué aquí: un sitio donde pusieran seguidas más de dos canciones decentes (para mis estándares, claro). No tiene un nombre muy original, The Rock; pero es un sitio impresionante. Pensad en una discoteca, quitad el bakalao, poned heavy, nü metal, grunge, hardcore-punk y un escenario enorme para conciertos, mezcladlo con dos plantas, tres barras, muchos recovecos y un fubolín, añadidle un dj capaz de hacer mezclas con esa música y llenadlo de personas de todos los pelos, qué tenemos? A un grupo de españoles brincando, sudándo y riéndose hasta de sus sombras.

La anécdota, por llamarlo de alguna manera, del fin de semana la pusieron Hugo, Murphy, el efecto mariposa, las casualidades cómicas, un pico estadístico como un campano y un poquito de mala suerte. Aquí hay repartidas por toda la ciudad cicicletas para los turistas. Funcionan como los carritos de los supermecados, metes una moneda y te la llevas; siempre y cuando seas capaz de encontrar una que funcione, lo cual a todos nos parecía muy fácil hasta que Hugo nos demotró lo contrario. Tío, cuanto más lo pienso más increíble me parece, cómo pudiste pasarte todo el fin de semana sin encontrar ni una que funcionase. Si no llega a ser porque estuve allí para verlo, no me lo creo. Una tras otra, cada vez que Hugo se acercaba a una bici, plas!!, o sin sillín, con la cadena rota, pinchada... Todo lo que os podáis imaginar que pueda ir mal en una bici se lo encontró Hugo. La primera, vale, por algo estaba allí. La segunda, bueno, tampoco es tan raro. La tercera, mala suerte... La cuarta y la quinta, la cosa empeza a tener su gracia y te ries. A la sexta, estás hasta la polla. Con la séptima, buscas la cámara oculta. Pero la octava!... Ya no te queda nada por hacer, ni reir ni llorar ni alzar los ojos incrédulos al cielo, sólo puedes dejar tu bici, darle una palmadita en el hombro a Hugo y tranqui colega que nos vamos todos andando y punto. Venga a cenar...

Pero ahí no quedó todo amiguetes, porque el pico estadístico de Hugo iba a alcanzar alturas insospechadas. No contento con hacernos llevar nuestras bicis de la mano mientras buscábamos como locos una más, sólo una más, Murphy decidió ensañarse. Sábado, hora de la cena. Hugo que se dispone a sacar unas coronas del cajero para un kebap y las copas de por la noche, que después de su frustración con las bicis, presentíamos que iban a ser muchas. Y la maquinita que va le dice que nasty, que el dinero te lo va a dar tu tía. Hugo que, a estas alturas ya esta desesperado, entra en el restaurante pide su menú y una Fanta. “La Fanta se me acaba de terminar”, le dice el turco con una sonrisa. Cómo pasar de la desesperación al de la más completa de las humillaciones. Que el hombre, depués de todo, sólo quería una puñetera Fanta, coño. A estas alturas ya no sabiamos si reirnos o compadecernos. Venga, vale, nos reimos.

Terminamos de cenar y Hugo más animado con el estómago lleno y pensando que dios aprieta pero no ahoga, decide probar suerte en otro cajero. A ver cómo os lo explico, sé que es increible, qué más le podía pasar después de la humillación definitiva de no poder tomarte lo que te salga de las narices en un restaurante. Pues lo que le pasó fue una de las mayores putadas que te pueden ocurrir estando de viaje: que el cajero se trague tu tarjeta de crédito, y evidentemente no tienes ni un chavo en el bolso.

Ni bici, ni Fanta, ni tarjeta. Hugo ya no sabía si reir o llorar. Los demás lo teníamos claro... Hasta estuve pensando en acercarme hasta el Museo Guiness que estaba allí al lado.

Hugo, tío, y tú que estabas tan contento porque, por una vez, no te había pasado nada en el aeropuerto ni tenido ninguna movida para cojer el avión. Espero que llegases sano y salvo a Helsinki; aunque no lo tengo muy claro, porque llevas desde que te dejé en la estación de metro sin dar señales de vida...

Por lo demás, entre risas y paseos, fue muy agradable intercambiar información y experiencias con personas que ya llevan casi un año por estos lares escandinavos. Ahora tengo que empezar a ahorrar para devolver la visita...

2 comentarios:

  1. Tenia que haber pedido Mirinda Cola...

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  2. Anónimo7/6/06, 1:44

    Bueno bueno,lo que pasa es que hugo se ahoga en un vaso de agua(que bien suena la frase).
    Que no hay bici pa hugo?...tos en taxi.
    Que no hay fanta?....cerveza
    Que no hay pasta?....Ese disfraz de enfermera tetona que tiene y a prostituirse. :)

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