jueves, 9 de julio de 2009

Vade retro Suiza

No se os ha perdido nada en Suiza. Y si se os ha perdido, no lo vais a encontrar. . . Lo han conseguido: cuanto más viajo a Suiza menos me gusta. En Suiza todo funciona con precisión. . . esto. . . suiza. La única condición es que sólo lo utilicen dos personas de cada vez y ambas sean suizas; en caso contrario, estás jodido.

Al principio todo parece ir bien, sobre todo si tienes la suerte de llegar a bordo de un vuelo de Swiss Air o gracias al impecable sistema ferroviario de la Confederación Helvética. Uno puede poner en hora el reloj por los trenes. No es coña. Lo he hecho.

Uno se baja del tren con toda confianza. Respirando satisfecho el aire fresco de los Alpes sin sospechar la sutil insidia que le acecha. Puedes incluso creerte que vas preparado, saberte algunos trucos, como que en cualquier país en que se hable alemán las tarjetas de crédito son poco menos que inútiles y los cajeros no abundan. Te diriges confiado al hotel, con la cartera repleta de dinero en métalico; esta vez inguna cajera de supermercado va a inspeccionar tu tarjeta como si fuese un objeto alienígena para luego mirarte con cara de mí no entender. Pero Suiza tiene muchos trucos sucios para echarte haciéndote creer que te vas por decisión propia. Pequeñas artimañas para amargarte la vida y convencerte con amabilidad y gentileza de que todo es fruto de tu propia estupidez.

Doce y media de la mañana, entro en el hotel. La recepción está cerrada. Obviamente. Todo el mundo sabe que las recepciones de los hoteles cierran de doce a dos. Lógico y normal.

Davos, un pueblo del tamaño de Llanes; vaca arriba, vaca abajo. Conferencia internacional. Ocupación hotelera del cien por cien. La población del pueblo aumenta en dos mil ochocientas personas durate una semana. Hora de cierre de los restaurantes: dos de la tarde, según el tren de Lanquart. Es evidente que sería un desperdicio y un gasto innecesario pagarles extra a cocineros y camareros por abrir una hora más; total, para mil cochinos clientes que deambulan hambrientos por las calles no merece la pena. Además, seguro que tenían intención de pagar con tarjeta.

Ocho de la mañana. Dos mil ochocientas personas hacen cola para entrar al reputado centro de conferencias. El mismo donde cada año se reune el Fondo Monetario Internacional. La entrada es una única puerta rotatoria por la que sólo puede pasar una persona cada dos segundos (el cálculo se deja como ejercicio al lector). Eso sí, muy ordenadamente y sin atropellos. Menos mal que uno es español y tiene cierto instinto para dar con entradas y salidas alternativas.

Prestigioso centro de conferencias perdido en medio de los Alpes para que a los jipis apestosos les cueste un güevo llegar y no vengan a joder la marrana cuando el FMI se reparte el
bacalao mundi. Los agerridos que aún así lleguen tendran que superar la nausebunda barrera de tiendas de Rolex, Louis Voutillon y Ferraris que lo rodean. Dos mil ochocientas asistentes, repito, perfectamente comunicadas gracias a:

Opción 1.- güifi que funciona a medio bait por segundo si, y sólo si, sabes hacer magia negra con Linux.

Ocpión 2.- diez wonderfulosas conexiones por cable.

Diez cables. Dos mil ochocientas personas. Sólo es cuestión de organizarse. Ya tengo billete para volver y aprovechar los cinco minutos de conexión que me han asignado el viernes que viene.

Cena. Veinte personas. Comida servida en tiempo y forma decentes, que no correctos. ¿Nos puede, por favor, traer la cuenta? Ahora mismo. . . Oiga, disculpe, me ha traído usted dos cuentas. El camarero, de apariencia sospechosamente italiana, asiente ante la evidencia: sí, dos cuentas, síiii. . . (¡Imbécil de mierda!!!) No lo dice, pero todos sabemos que lo piensa. Ya pero, oiga: un grupo, una cena, una tarjeta de crédito (ahí les duele), ergo una cuenta, una solita, ¿no? Nooo, dos cuentas. . . ¿Dos cuentas?. . . Sí, dos cuentas, síii. . . (¡Imbécil de mierda!!!) Una para cada lado de la mesa. . . Aaaah, claro, hombre, haberlo dicho antes. Cómo no habíamos caído; fíjese si serémos imbéciles. . . Claro, evidente, claro, una cuenta para cada lado de la mesa. Normal.

Tan normal como que si uno intenta comprar la clásica navaja del ejército suizo en el aeropuerto de Zurich, descubre que la tienda se encuentra después de los mostradores de facturación y antes del control de seguridad. Así que sí, puedes comprar la navaja; pero ya será tarde para facturarla y por el control de seguridad, en el equipaje de mano, no la puedes pasar. Tiene que haber truco. Seguro. Tiene que haber truco. . . Si alguien lo descubre que me lo cuente. Después de diez días seguidos, uno detrás de otro, en Suiza, preferí largarme sin preguntar, no fuese a ser que me contestasen.


Imágenes: Es lo bueno de Suiza, que uno puede huir de la civilización, perderse en los Alpes (o casi. . .) y conseguir algún paisaje decente. . . Si esquiva las líneas de alta tensión, los remontes de esquí, los teleféricos, los funiculares, los restaurantes cerrados, los hoteles de hormigón, las antenas de teléfono, los repetidores de radio y algún que otro borrego.

13 comentarios:

  1. Jajajajaja, ya veo que lo has pasado de muerte ;)

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  2. Aunque ya conocía tus peripecias suizas, leído sigue teniendo gracia.
    Creo que quieren Suiza solo para ellos, montañas incluidas.

    P.D.- lo mejor es lo de las dos cuentas.

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  3. Pues sí, Banyú, la verdad es que me lo pasé dpm ;)

    Opino lo mismo, Olatz, la quieren toda para ellos sólos. A poco que uno conozca de historia debería de estar preparado para algo así. Lo que no te esperas son los trucos suizos, esto. . . sucios que utilizan. Y sí, lo de las dos cuentas fue pa'nota.

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  4. Lo de los controles de seguridad del aeropuerto de Zurich es una locura. Primero facturas, luego pasas un control, pero es que mas adelante y efectivamente despues de las tiendas, hay otros controles mas cercanos a las puertas, que es donde te quedas sin bebidas, sin navaja y sin nada.
    Suiza es cuadriculada, aburrida. No pasa nada. Es peor que Dinamarca, con eso esta todo dicho ya....

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  5. Por supuesto que es peor que Dinamarca!!! Ja!!! Faltaría más :p

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  6. Ala, pues que se queden con ella toa, pa ellos!! Si es que de un país donde parte de la población es tortellini no se puede esperar nada bueno ;).
    Vaca arriba, vaca abajo!! Me despollo :). Y lo de las 2 cuentas...yo me levanto, me subo a la mesa, le meo encima y le digo que me traiga una tercera cuenta para las cabeceras, que está intentando timarnos.

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  7. Jejeje. . . Al final, lo de las cuentas, llegué a la conclusión que era por tema de reparto de propinas, que iban incluidas en el precio, y como nos siervieron dos camareros, uno a cada lado de la mesa. . . Pero sí, Suiza, que se la queden toda pa'ellos.

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  8. Que contento se te veia ayer, de nuevo en Dinamarca, en tu ambiente, en la Studenter, hahahah, quiero decir jajajaj que ya me estaba riendo en danes....

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  9. Jajajaja. . . No lo sabe usté bien ;)

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  10. hacía mucho que no pasaba por aquí... me lo estoy pasando de coña. Espero que mi jefe no se acerque esta mañana, o tendré dificultades para explicar por qué los informes son últimamente tan divertidos :-DD

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  11. Jajajaja!!! Me alegra que lo disfrute usted tanto. Llevo unos días pensado, tengo que escribirle un meil a Luisja, tengo que escribirle un mail a Luisja. A ver si lo hago de una vez o si no, te doy un toque :)

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  12. No me canso de releer esta entrada...

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  13. Jejeje. . . Ya ves, será el encanto helvético ;)

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