jueves, 14 de julio de 2011

(In)propiedad (in)telectual

Ente ayer y hoy he invertido un puñado de horas discutiendo, a través del puto feisbuk y del blog de un conocido, acerca del derecho de un autor, emisor, receptor o recombinador de conocimientos a poseer las ideas con las que trabaja. Además, con la que está cayendo estos días con la SGAE y chusmas asociadas, creo que conviene discutir ciertas ideas para ser conscientes de lo que nos jugamos. La ley es explícita sobre la llamada "propiedad intelectual" y es, con escasas excepciones localizadas, bastante homogénea en todo el planeta; pero, sin entrar a discutir la legitimidad del sistema legal y asumiendo de forma naïve que la mayoría de las leyes están para defender los intereses moralmente legítimos de los ciudadanos, las leyes sobre propiedad intelectual, copyright y demás, son una pantomima y un timo.

Cuando se crearon las leyes modernas sobre propiedad intelectual no fue con afán de defender los derechos de los autores. La llamada propiedad intelectual es una manipulación legal y lingüística creada para extender el concepto de propiedad privada (interesante de por sí, pero con el que ya nos meteremos otro día) del ámbito de lo físico al de lo imaginario, ideológico y conceptual. El objetivo era dotar a los empresarios del marco legal necesario para adueñarse del fruto del trabajo intelectual y poder hacer negocio con él a expensas del autor, de igual modo que ya se hacía negocio con el trabajo industrial. Así una empresa puede "comprar" ideas a un autor y monopolizar su distribución bajo el pretexto de que, tras la compra, las ideas son propiedad de la distribuidora, ya sea una editorial, un sello discográfico, una productora de cine o similares, y nadie más tiene derecho a usar o distribuir dichas ideas sin pagarles por ello. Esto va en contra de los interes del autor, cuyo deseo natural es ver su obra difundida con la mayor rapidez y extensión, no monopolizada a través de un canal único, puesto que cuantas más personas tengan acceso a una obra más opciones hay de que llegue a individuos dispuestos a reconocer su valor y pagar por ella. ¿De dónde surge entonces la identificación ficticia entre propiedad intelectual y la defensa de los intereses del autor? Surge de la incapacidad física que los autores tenían hace décadas para optimizar la difusión de sus obras. Sólo las grandes distribuidoras disponían de los recursos y medios para ello, obligando a los autores a pactar con el diablo. Internet ha cambiado las reglas del juego. Ya no es necesario pactar con el diablo. El timo institucionalizado de la propiedad intelectual ha quedado al descubierto.

El origen del timo está en presunción de que el trabajo intelectual, las ideas, el conocimiento, puede tratarse igual que los objetos físicos, poseyéndolos, comprándolos y vendiéndolos. Pero las ideas se comportan de forma muy distinta a las cosas. Si posees una cosa, un microondas, por ejemplo, y se la das a otra persona, tú dejas de tener el microondas. Sin embargo si tienes una idea, un fragmento de conocimiento, y se lo das a otra persona, no pierdes la idea. Ahora ambos poseéis la idea. Al contrario que las cosas, las copias de las ideas son ilimitadas. Además, el valor de las cosas viene determinado por su escasez; los diamantes son caros porque hay pocos, cuando el precio del petróleo baja, se ordena reducir la producción para volver a subirlo. Con las ideas ocurre lo contrario. Una idea se incrementa su valor a medida que la comparten más y más personas. Cuantas más personas han leído un libro, cuantas más personas escuchan una canción, cuantas más personas comparten un sueño, más valiosos y poderosos se vuelven esos fragmentos de conocimiento.

La propiedad intelectual es una invención fraudulenta. Las ideas pertenecen a quien las usa, las piensa, las recibe, las reelabora, las mejora, las cambia, las transmite o las comparte. Que alguien se proclame dueño de una idea, ya sea un descubrimiento científico, una novela, una canción o cualquier pedazo de información o conocimiento, es pretencioso y fraudulento. Uno puede ser autor; pero no dueño. Autoría es distinto de propiedad. Así, veo legítimo que uno quiera beneficiarse de la autoría, del esfuerzo que conlleva recibir, ordenar, mejorar, crear y transmitir ideas y conocimiento. Como profesor, escritor y científico a veces me pagan (no muy a menudo en los últimos meses) por el esfuerzo de hacer malabarismos con las ideas; pero un servidor no se considera dueño de las ideas con las que trabaja. Me parece razonable reconocer la autoría y el esfuerzo; pero no la propiedad. Y desde el momento en que nadie es dueño de ninguna idea, nadie tiene derecho a monopolizar su distribución.

El problema es la parte de la industria de distribución de información que se ha quedado obsoleta y pretende seguir imponiendo a la sociedad sus fraudes anquilosados. Como la industria de la distribución en sí misma no crea nada, necesita poseer las creaciones de otros para hacer negocio con ellas. Ya va siendo hora de la industria del entretenimiento y la información, editoriales, filmográficas, discográficas, periódicos y compañía, abandonen su modelo de negocio obsoleto. Nos iría mucho mejor a todos si, como estamos empezando a descubrir gracias a internet, adoptasen el modelo que la ciencia a usado durante siglos. Un modelo donde el conocimiento se comparte y genera en la comunidad, donde nadie reclama su propiedad y donde, bien que mal, a todos se les recompensa por el esfuerzo. Y nadie se está inventando aquí ninguna utopía. Con ese modelo la ciencia y la tecnología han sido con diferencia los factores de cambio más relevantes y creativos de los tres últimos siglos. Si la "piratería", esa palabra usada y abusada por medios y corporaciones al igual que "terrorismo", si la libre distribución de información es tan fatídica para la creatividad y los creadores, ¿cómo se explica que ahora haya centenares más de escritores, miles de pequeñas bandas de música, una infinidad de proyectos filmográficos exitosos al margen de las distribuidoras? ¿Cómo se explica la explosión creativa que podemos contemplar deambulando por la red? ¿Cómo se explica que la película más taquillera de la historia, Avatar, sea también la más "pirateada"? Si la libre distribución de información es tan funesta, ¿cómo es posible que su punto álgido coincida con la mayor explosión creativa de la historia de la humanidad?

La propiedad intelectual es un fraude. La libre distribución de información, la neutralidad de internet, nos van a llevar de un mundo con soles brillantes, deslumbrantes, un mundo de grandes estrellas del rock, escritores mitificados y homogeneidad filmográfica controlados por los sacerdotes y gurús de la distribución, hacia una noche mágica plagada de estrellas brillantes compartiendo el cielo y el beneficio. Basta ya de defender los monopolios de los estafadores. En el mundo de la creación distribuida de información, nadie posee las ideas y a cada autor se le paga acorde la cantidad y calidad de su obra, como a cualquier otro trabajador.


Imágenes: Sacadas de aquí y aquí.


2 comentarios:

  1. Brava, bravo, bravo!! Puedo compartirlo en my Facebook?? O no me puedo saltar tu copyright?? :p

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  2. Jejeje. . . Sáltese y pásese usté por donde quiera mis copiraits ;)

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