domingo, 4 de diciembre de 2011

¿20 de enero?

Vacío. Esa fue la palabra que usó una amiga. Cuando uno dedica tanto tiempo de su vida a un proyecto y lo termina, dolorido y exhausto, se siente vacío. Ni contento, ni aliviado, ni optimista, ni cansado. Todo eso va llegando luego, a medida que pasan los días. Bajando en el ascensor después de haber dejado enfrente del burócrata correspondiente un montón de papeles y cuatro copias de la tesis doctoral, lo unico que uno siente es vacío.

El lunes por la mañana entregué la tesis, el final oficial de cinco años de trabajo y uno y medio de suplicio, cabreos, frustraciones y mala hostia. Terminado. Finito. Kaput. O casi… Aún queda la dichosa defensa; aunque siendo honestos, ahora mismo eso me supone poca o ninguna preocupación. Es más, ya que me van a dar la oportunidad de montarme un chou de hora y media, tengo toda la intención de pasármelo bien. La fecha del evento aún está por confirmar; pero todo apunta a que será un par de meses antes de lo esperado. Por fin parece que algo no se va retrasar. Si no hay sorpresas, el 20 de enero pondremos el punto final a la aventura doctoral.

Poco a poco, después de casi una semana, el vacío empieza a llenarse. En los últimos días, mis neuronas me han sorprendido con muestras de actividad creativa, original y entusiasta. Lo cual seguro que tendrá consecuencias en el futuro inmediato. De momento, disfrutemos del plácido deambular por el vacio…