miércoles, 12 de enero de 2011

Post mortem

A pasado casi un mes desde que puse el punto final a la anterior entrada en Bitácora. Casi un mes desde que metí cuatro cosas en la mochila y me fui a España. Al contrario que durante vacaciones pasadas, tenía intención de escribir; pero no tuve tiempo. Tenía voluntad; pero no tuve ganas.

Hace una semana, volví de unas vacaciones que no fueron vacaciones, de unas navidades que apenas fueron navidades. Y ahora, tras unos días en excelente compañía, momentos de necesaria soledad y tiempo para empezar a reordenar las ideas, ahora, tengo la intención, el tiempo, la voluntad y las ganas de volver a escribir.

El día de Nochevieja, más o menos a esta misma hora, falleció mi señor padre. Lector asiduo de esta página, llevaba dos años peleando contra un cancer de pulmón. Al final, una infección pudo con él y con sus defensas debilitadas por meses de quimioterapia. Murió mientras dormía. Los doctores y la morfina se encargaron de evitarle cualquier sufrimiento innecesario. Por eso, porque fue como él deseaba, rápido e indoloro, y porque tuve la fortuna de poder pasar con él sus últimos días y momentos, me alegro y me siento afortunado.

No pretendo hacer de esta entrada un homenaje a mi padre, eso ya lo hice cuando él vivía y pudo leerlo. Es más, si esto tubiera que ser un homenaje, lo sería para todos los que estuvísteis a mi lado durante estos días. Para los que me disteis la oportunidad de convertir mis lágrimas en los abrazos que necesitabais. Para los que me seguisteis la corriente cuando me empeñé en cocinar la cenar de Nochevieja, comérnosla, brindar y tomar las uvas como mi padre hubiera querido que hiciésemos. Para los que al otro lado de un café, una cena, una línea de teléfono o un imeil supisteis hablar y callar, sonreir y llorar. Gracias.

Y ahora, de vuelta en Copenhague, toca empezar de nuevo, en sentido metafórico y literal. Un poco más sólo y un poco más valiente. Ahora que, tras las últimas noticias de uno de mis jefes, he decidido que voy a dejar de seguirles la corriente. Voy a poner la tesis en una esquina del escritorio y buscar trabajo. O inventármelo. O ir a dar la vuelta al mundo. O algo. . . Ya veré. Lo tengo bastante claro es que, sin cerrar la puerta a la bendita fortuna y al santo caos, esta vez quiero ser yo y no los vientos del destino quien decida cuándo, cómo y cuál va a ser el próximo paso en mi vida. Por suerte, la fortuna ya me sonrió en un aeropuerto y, de momento, parece satisfecha y con la intención de quedarse a mi lado. Lo cual, nunca es un mal comienzo.


Imágenes: First step de Jereck y un servidor en Mýrdalssandur, la foto me la hizo un gallego.