miércoles, 6 de enero de 2010

Sí; pero. . .


Sí, pero. . .

¿Es qué no sabes decir otra cosa? Fue lo que me preguntó mi jefa después de media hora de discutir sobre mi primer artículo, aquel del que se dieron cuenta que le vendrían bien más datos. . . Año y medio después de que un servidor dijese lo mismo y le ignorasen. Ejem. . .

Volví de las vacaciones con la mente fresca y abierta, con una actitud más positiva y menos afan de mandarlos a todos al carajo. Pero a medida que abanzaba la reunión, se me iban quitando las ganas de ser buena persona. Menos mal que uno mis propósitos para este año es respirar más lenta y profundamente. A mi jefá le molestaba que a todas sus propuestas, las suyas y las de mi co-director, les contestase con un Sí; pero. . . Y a mí resultaba cada vez más ridículo que, una tras otra, sus sugerecias fuesen o cosas que ya había hecho, o que ya había probado y sabía que no funcinonaban, o que no venían al caso, o que estaban mal, equivocadas, erróneas, mal. Después de tres años, con tanta reunión informativa semanal y tanta gaita, es ridículo que tu jefa no sepa qué has hecho y qué no. Y es aún más ridículo que intente explicarte cómo hacer tu trabajo sin entender cómo se hace tu trabajo, pensando, aunque no lo diga, que la culpa de todo la tiene que eres un poco torpe y bastante vago.

Sin embargo, si me preguntán a mí, diré que la culpa de todo la tiene que en tres años como estudiante de doctorado, y aquí la palabra clave es estudiante, la física que he aprendido va entre cero y menos uno. Malo eso de ser estudiante si uno no aprende. . . Peor cuando no hay nadie de quien aprender. Así es complicado hacer nada nuevo y digno de publicar. Y no, por muy importante, wonderfuloso y novedoso que le parezca a mi jefa, no voy a explicar en ningún artículo cuentas que están en los libros de texto desde los años setenta. No es culpa mía que su física y sus mates sean. . . limitadas. . . Conste, que no por culpa suya, que lo de ella es la geoquímica y nunca le hizo falta saber mucho ni de la una ni de las otras.

Por suerte, como personas civilizadas y dispuestas a ayudarnos que somos (esto lo digo sin ironía. . .), hemos llegado a un acuerdo: un servidor incluye en el artículo algunas paridas que no vienen a cuento y ellos hacen como que les gusta (. . . y esto con mucha). Así que mañana habrá que empezar a rebuscar entre los datos que llevan enterrados año y pico, a ver si encuentro algo que dé el pego y en otro par de meses tenemos esto listo. Claro, que todo queda condicionando a lo que decidamos mañana que va a pasar con el tercer artículo; porque si después de tanto marear la perdiz no vemos posibilidades al tercer artículo, apága y vámonos. O mejor dicho, me voy.


P.D.- Releyendo lo escrito, no me gusta el tufo a autocompasión y autojustificación que desprende; pero me da igual. Porque creo que en el fondo, ahí, debajo de todos los buenos propósitos, la buena cara y las ganas de llevar las cosas a buen puerto, aunque sólo sea por agradecer la oportunidad que me han dado, en el fondo estoy cabreado, mucho, más de lo que me atrevo a reconocer. Siento que en este trabajo no he podido, o no he sabido, sacar provecho ni de lo que sabía hacer bien, ni de lo que pudiera haber aprendido.



Imagen: Electric Sheep, Dark Wallpapers.