Shanghai mola. Es una ciudad alucinante. Llegas a ella
Shanghai es una mierda. Es una ciudad miserable. Llegas
en el único tren de levitación magnética del mundo.
a ella esquivando bicicletas oxidadas. Se juegan la vida
Cuatrocientos treinta kilómetros por hora sin ruedas.
entre el tráfico caótico, ruidoso, sucio y despiadado.
Cuando bajas puedes pasearte entre rascacielos de más
Puedes pasearte entre casuchas hacinadas y ruinosas,
de cuatrocientos metros, torres de cristal y neón,
museos de la supervivencia. Entre ellas, en las
monumentos a la osadía humana. Abajo, en las calles,
callejuelas polvorientas y olvidadas, te engulle un
avenidas llenas de luz y árboles, te engulle un enjambre
enjambre de almas que se deambulan entre puestos de
de almas que se mueven entre cientos gigantescos centros
baratijas y chatarra volviendo la cabeza al ritmo de tus
comerciales al ritmo de sus teléfonos móviles. La vida
pasos. La moda no existe. La tecnología es algo que
avanza vertiginosa. Última moda. Última tecnología.
vender para comer. Calles olvidadas sobre las que se
Surgen nuevas avenidas y nacen rascacielos por todas
ciernen cada día nuevas sombras. El futuro les ha dejado
partes ante tus ojos. Imparable hacia el futuro.
atrás. Shanghai se hunde entre las promesas rotas del
Shanghai avanza sonriente inmersa en el sueño
comunismo.
capitalista.