Disculpen vuesas mercedes. Sé que muchos esperabais esto para hace unos días; pero el servirdor de blogger se fue al carajo y no había manera de publicar nada. Dicho esto en mi descargo, todo lo demás es culpa mía, como siempre...
Estas "vacaciones" fueron un caos en todos los sentidos. De lo cual me alegro, lo malo hubiera sido decir que fueron aburridas. Empezaron con una noche diferente y wonderfulosa en la capital del reino. Siguieron volando a Asturias de doblete un día antes del que pensabais todos, je je... Teníais que haberos visto las caras (los que estábais esperando en Gijón, claro). Allí iba, medio muerto de sueño, en el primer asiento del autobus desde el aeropuerto para poder ver las montañas verdes y una carretera con curvas. Llevaba puesta una sonrisa de oreja a oreja y el sol brillaba allí arriba, alto, muy alto, dando luz de verdad. Todo el mundo me miraba raro, porque había nueve grados e iba en camiseta. Coño! Nueve grados y un sol resplandeciente, qué más se puede pedir? Os juro que tenía la sensación de estar en verano, no por la temperatura, sino por el sol, tan alto que mi sombra apenas medía un metro. Y luego todo dios hablando en castellano, era todo muy raro. Diréis que se me va la pinza, que en seis meses no es tiempo suficiente como para sentir algo así. Lo mismo opinaba un servidor... Hasta tuve que pensármelo dos veces para no hablarle en inglés al conductor del taxi que me cogí en la estacion de autobuses.
Luego, lo que os decía, uno llega a casa y todo el mundo flipa'o. Pero tú que haces aquí? Pero no llegabas mañana? Qué risa pasé... Me metí algo rápido entre pecho y espalda y me fui a seguir dando sorpresas antes de caerme dormido en el sofá. Y así estuve, toda la tarde arriba y abajo caleyando per Xixón. Nun yes tú... Qué sí, coño! Y ya lo sé, soy un cabrón por no avisaros; pero lo que me estoy riendo no tiene precio. Al final, enganché la cama a no sé que horas de la noche. Depués de dos días viajando y sin dormir, lo hice como un bebé, rodeado de los millones de libros y trastos que había dejado atrás, acunado por aromas familiares... De pronto, parecía que no había pasado el tiempo. Estaba en casa, en otro rincon de mi hogar.
El resto de las tres semanas se pasason como cualquier otra navidad. Trabajando un poco por las mañanas, saliendo con los amigotes, dando alguna que otra clase para no perder las buenas costumbres. Cómo echaba de menos lo dar clase, eso de ser el centro de atención, decir cosas que suenan importantes y que te miren con cara de no saber si lo es o que se te ha ido la pinza del todo. Muy reconfortante para el ego, os lo recomiendo; si no, escribid un blog, también funciona. A lo que iba, que mucha juerga los fines de semana. Liadas en el ciberchigre hasta horas que sólo confesaré en presencia de mi abogado, jartándonos de gominolas y sabiéndo que al día siguiente iba a levantarse a currar San Apapucio. Por supuesto, no faltaron la tradicional partida de mus la tarde de fin de año y ni las comilonas de rigor en esas fechas, incluido un reencuentro de exiliados para ponernos hastas las cejas de fabada; aunque este año el ambientillo familiar anduvo un tanto descafeinado por cuestiones de calendarios y agendas personales.
Y sí, fue un caos. Un no parar, compras, visitas, quedadas, los remordimentos por no estar trabajando ni la mitad de lo que debería. Nunca mais! No me vuelvo a ir de "vacaciones" a medias tintas, o sí o no, que luego ni se trabaja ni se disfruta todo lo que se debería. Claro, que a mis años, no sé de qué me extraño... Como si no nos conociéramos.
Pero para entender de verdad lo que fue este regreso a Gijón, tenéis que aderezarlo con otro par de cosas. Esa ciudad está llena de recuerdos. La sombra de Pre deambula en cada esquina y lo que en Copenhague casi era agua pasada en Gijón no lo es ni de broma. Tenía miedo cuando me subí en el avión: si nos encontramos y no me habla, me da algo; si hablamos, la vamos a liar; si no la veo... Al final fue eso, la casualidad nos esquivó; mejor, supongo. Esas tres semanas sin ella por Gijón fueron fuego purificador para mis heridas; epílogo, cierras el libro y lo dejas en paz en la estantería. Sales a dar una vuelta por esas calles que son tuyas; pero ya no las únicas. Te encuentras con tus amigos para un hola y otr o adiós que siempre llega antes de lo que esperas. Siempre con la sensación de que falta algo, de que ya no es lo mismo, hasta que caes en la cuenta de que falta un futuro, que no hay planes en común. Nuestras vidas ahora corren paralelas y nos hará falta mucho más empeño para torcelas lo suficiente y que se vuelvan a cruzar. Empeño, tiempo y dinero... Todo se andará. De momento seguimos teniendo a Bitácora, el Messenger, Skype y demás maravillas del s.XXI, para que la próxima vez que nos veamos sigamos reconociéndonos. O para gritar un SOS llegado el caso.
Luego está la family, que siempre se quedan con la sensación de que no te han visto nada; aunque te hayan visto más que nadie. Será que te quieren, o algo... Venga, vale, yo también.
Llega el día de volverse a CPH: purificado; cansado de apenas dormir, comer a destiempo, poco o demasiado; triste, porque vuelves a dejarlo todo, porque todas las miradas parecen decirte que han quedado cosas por hacer, porque volvéis a estar sólo tú y tu mochila... Te sientas en el avión, suspiras y vuelves a sentir ese cosquilleo en el alma, y sonries, y sigues sonriendo cuando el aire frío de Escandinavia te da la bienvenida a tu sueño, a la vida que elegiste. Después de un par de horas y de cervezas vuelves a estar en casa, pensando en cuándo y a dónde te va a llevar el próximo avión...