Ayer, 1 de diciembre, tuvo lugar por toda Dinamarca otro de esos eventos navideños de que tanto gustan por estos lares: el encendido de los árboles de navidad. A las 14:00, que aquí, no os olvidéis, es casi última hora de la tarde, nos reunimos todos en el enorme recibidor circular del GeoCenter. Del ápice de su cúpula, a cinco pisos de altura, cuelga un majestuoso péndulo de Foucoult que, dicho sea de paso, no funciona porque el alclaje no es isótropo. Estos días, compartiendo protagonismo con el péndulo, hay un enorme abeto engalanado como mandan los cánones.
Según la tradición, tras el discurso de rigor, se iluminó el árbol y todos bailamos cogidos de la mano en torno a él. La música la ponía una orquestucha que traspiraba de todo menos ambiente festivo. No echáis de menos algo?
... Pues no, esta vez no había cerveza de por medio. Para esta fechas tan señaladas los daneses tienen otro brebaje, el verdadero motivo de que se hubieran reunido todas aquellas personas; a mí ya no me engañan con esto del espíritu navideño. Consiste en vino tinto caliente con especias, unas pequeñas uvas blancas y trozitos de almendra. Se llama gløgg (leído glwhg) y la verdad es que está muy muy bueno. Se bebe acompañado de una especie de buñuelos con un toque a manzana, mojados en mermelada de fresa y azucar glas. To'o mu'rico.
Pero, aunque no deja de ser interesante participar en estos rituales socio-festivos, de los que en mi propia cultura suelo pasar como de la mierda, no fueron las luces de navidad lo que marcó el día. Ayer experimenté que por no ser danés, mi dinero vale menos, que por tener el pelo largo y ojos oscuros, soy merecedor de escasa o ninguna confianza. Esperaba que hubiera sucedido mucho antes; pero en otras situaciones, no sentado en una oficina bancaria.
Por fin se ha solucionado el pifostio que se montaron con mi contrato y he cobrado mi primer sueldo de verdad. Ole!! Era el momento de tratar de hacerme con una tarjeta de crédito, de débito o lo que fuese que me permitiera disponer de mi dinero en cualquier lugar del mundo; cosa indispensable a la vista del plan que ya os he contado tengo para este mes. Por eso me pasé la mañana deambulando de banco en banco. Desde que me fui de España, no había escuchado tantas gilipolleces seguidas en tan poco tiempo. Del que he sido cliente hasta ahora me ofrecía la Visa, eso sí, con unas condiciones y comisiones descabelladas. Otros me dijeron que no era una buena inversión para el banco porque sólo tenía un contrato de tres años y luego, me podía largar dejandolos empufados; el tipo ni se despeinó, a mí me asomaron la mirada incredula y la sonrisa cínica... La más gorda de todas fue cuando uno me dijo que su banco no abría cuentas... Einch??!! De la Visa, ni hablamos, claro.
Por si os pudiera quedar la duda de que a lo mejor soy un poco paranoico y mal tomado, os aclaro que mis compañeros, cuyo sueldo es un poco más bajo que el mío, por cierto, tienen cada uno dos tres tarjetas de crédito con condiciones razonables, casi todos en varios de los bancos por los que me pasé. Eso sí, son daneses. En fin, menos mal que nos queda la banca por internet. Espero que si a Omid, el iraní, no le han puesto ninguna pega, a un servidor tampoco. Además, me ahorraré una pasta en comisiones.
Para mí, lo más sorprendente de todo esto, es cómo he reaccionado. No me he sentido ofendido, ni humillado. No me he cabreado, ni he puesto el grito en cielo, ni me he comido con patatas a ninguno de los tipejos que me regaron los oídos con argumentos estúpidos. Me he limitado a callar y tomar nota; ya sé otra cosa sobre Dinamarca. Será que en los últimos años he visto muchas veces ciertas miradas. Será que a pesar de todo la gran mayoría de los daneses son encantadores y este país sigue siendo acojedor. Será que las rubias siguen empeñandose en convencerme de que soy guapo... Son raras, muy raras, ya os lo dije. Será que está semana estoy demasiado orgulloso de mí mismo como para que un puñado de capullos me hagan sentir de menos. Estoy consiguiendo sacar un montón de curro adelante y disfrutando con ello. Además, el jueves se me ocurrió una idea feliz para preparar las muestras que nos tenemos que llevar a Suiza dentro de semana y media. Sencilla y elegante, dijo la jefa. Si funciona, y todos creen que lo hará, nos va a ahorrar bastante dinero, mucho tiempo y quebraderos de cabeza. Porque yo lo valgo. Ja!