lunes, 4 de octubre de 2010

Tour de oficinas



Es viernes por la tarde, bastante tarde, cosa de las ocho y aún estoy en el trabajo. Para ser exactos, aún estoy en el edificio donde trabajo, lo que no implica que esté trabajando. Para nada. En absoluto. Lo que llevaba eran cuatro horas haciendo el gambas, jugando juegos chorras y comiendo comida basura, incluida una hamburguesa con queso en dos bocados. Ese dos es literal: dos. No preguntéis por qué; sólo necesitáis saber que gané.

A lo que iba, ocho de la tarde, hora arriba, hora abajo. Se abre la puerta de la última oficina de la tarde. Todo rosa, blanco, decorado con velitas. Empieza a sonar música litúrgica y nos ponen un bebe de plástico en brazos. Hay un individuo disfrazado de cura. La sotana hecha con una bolsa de basura negra, el gollete con folios doblados y grapados y el babero gigante ese que se ponen para dar misa era un mantel de papel blanco. El bautizo de los susodichos infantes de plástico incluye canto de salmos en danés, toda una experiencia, lectura de pasajes bíblicos debidamente sacados de contexto, comunión con patatas fritas y vino de cerezas y competición de cambio de pañales. Épico.

Los nórdicos serán fríos, tímidos, cuadriculados y todo lo que queráis; pero cuando llega la hora de organizar saraos y dejarse el sentido del ridículo en casa, no conozco a nadie que les gane. Aquella tarde, de oficina en oficina, pasé por una fiesta de cumpleaños infantil, una escena de El Padrino, un restaurante japonés, un club gótico-infernal y un bautizo. Luego, como estos daneses son unos frikis y unos gira'os, además de ir considerablemente borrachos, se pusieron a bailar la marcianada del video; aunque, todo hay que decirlo, con cierto déficit de elegancia. Aún así, hay que perdonarlos. No es culpa de ellos. Se lo enseñan en la escuela, no me preguntéis por qué, y claro, cuando se maman, les salen los traumas de adolescencia.

No sé ustedes, pero un servidor no se imagina a ningún catedrático de la Universidad de Oviedo disfrazado de cura y actuando para divertimento de sus pupilos. Me los puedo imaginar disfrazados de otras cosas. . . Pero, atendiendo al buen gusto y al decoro y por si hubiere alguien comiendo, mejor lo dejamos aquí. Y allá cada cual con sus perversiones. . .

2 comentarios:

  1. Veo que el negro es el color de moda para los pantalones entre las danesas...que bien baila la chiquilla del cinturon blanco y que bien combina los colores...

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  2. Jeje. . . Ya ve usté, unas fieras las criaturitas ;)

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