lunes, 1 de octubre de 2007

Fuji 2007: catástrofe. . .

Hay cosas que no entiendo de la carrera de ayer. Y otras que tengo claras, clarísismas.

No entiendo a Chalie Whitting, pa'variar. Él es el tipo que enciende el semáforo, el que decide cuando entra o sale el coche de seguridad, el que puede alterar los horarios o sacar la bandera roja. Él es el Director de Carrera y, cada año que pasa, tengo más dudas de si además será un imbecil integral o un corrupto empedernido. Por qué dio orden de iniciar la carrera para luego manterner el safety veinte vueltas en pista? Era obvio que no iba a dejar de llover. Por qué se olvidaron de mandarle a Ferrari el e-mail con la orden de usar los neumáticos extremos? Y por qué mándaron algo tan importante por e-mail si nunca lo hacen?

Ya lo dice Frank Herbert, como no: "Busca al beneficiado y encontraras al culpable." Después de la grua de Nürburgring, la parida de Hungaroring y la película de espias esto no debería sorprendenme, pero. . . Todo fue para benificio de Hamilton. Mr. Whitting le evitó veinte vueltas defendiéndose del mejor piloto en lluvia y le borro de un plumazo, o de un teclazo, la amenaza roja. Por no hablar del rosario de penalizaciones, y no-penalizaciones, ridículas. Empezando por la de Kubica: presionando a Hamilton le hace cometer un error, se mete en el hueco, el inglés le embiste, los dos se bailan un balls y penalizan al polaco. Cojonudo, Mr. Whitting. Eso sí, a Vettel, que saliendo de boxes le detrozó el coche a Alonso, nadie le dijo nada. Ni a Massa, que adelantó por fuera de la pista a Kubica en la última curva y parece que nadie se dio cuenta. Y que me deciis de los frenazos de Hamilton detrás del coche de seguridad? Por menos de la mitad de eso le llamaron la atención a Alonso, advirtiendo que el que volviese a hacerlo sería penalizado; a no ser que seas inglés y tu padre se llame Anthony H.

Diréis que toda esta suspicacia mía de hoy se debe a que estoy cabreado porque las opciones de Alonso en este campeonato se han poco menos que esfumado. Y sí, estoy cabreado, pero no por el accidente de Alonso; también me cabreé cuando ganó en Nürburgring. Estoy cabreado porque en los últimos años una banda de sinvergúenzas se están cargando algo que adoro: se están cargando el espectáculo, el juego limpio y los pilotos honestos. Se están cargando la Fórmula 1.

También hay otro motivo por el que estoy cabreado. Lo he venido controlando toda la temporada, recogiéndo y comparando información, y era cierto, ninguna fisura, nada que objetar, en McLaren eran escrupulosos hasta lo enfermizo con su política de igualdad en la pista. Hasta ayer. Ayer tomaron una decisión que no habían tomado nunca este año. Ayer decidieron sacrificar la carrera de Alonso para salvar la de Hamilton. Ayer Fernando llevaba una vuelta más de combustible, le tocaba llevar la estrategia mala y a Hamilton hacer la pole, todo correcto. Pero bajo el diluvio la estrategía ideal ya no era tanto y decidieron cambiarla. . . Cuando vieron que si el asturiano paraba más tarde se iba a comer al inglés con patatas. Cuando se dieron cuenta que el primero en parar saldría en medio del tráfico. En ese momento en McLaren dejaron de ser honestos, en ese momento se pasaron la igualdad por el forro de los cojones: mandaron entrar primero a Alonso condenándolo a salir en medio del trafico, sacrificaron al campeón para salvar al niño bonito.

Lo que pasó después fue el resultado de otra lucha de Alonso contra todos. Luchaba por recuperar las posiciones que su equipo le hizo perder. Luchaba en cada curva con un coche roto e inconducible. Luchaba contra la lluvia traidora. Luchaba por defender su corona y su reino. . . Y ayer, perdió. Rodando más rápido de lo creíble con el fondo plano destrozado, dejando al cronómetro boquiabierto con los neúmaticos ya lisos, se encontró con un muro cruel. No fue culpa de él. No fue un error mecánico. Son cosas que pasan cuando te peleas con un coche que no está en condiciones, bajo la lluvia y a trescientos kilómetros por hora.

Esta última parte de la historia no me cabrea, me entristece y defrauda. La carrera de ayer deja sólo una chispa de esperanza ténue que ni siquiera me atrevo a mirar. A pesar de todo, la carrera de ayer fue una de las mejores de Kubica, Kovalainen, Räikkönen, Sutil y Alonso. A pesar de todo, el fin de semana que viene volveremos a madrugar y pegarnos a la tele. . .