jueves, 25 de enero de 2007

Epidemia de Murphy

Parece ser que esta semana ha habido una pandemia de putadillas cotidianas; de Osaka a Madrid pasando por Copenhaque. Un montón de pequeñas cosas que si las miras con detalle no tiene mayor importancia; pero el día que se te van acumulando una tras otra tus neuronas se dividen entre las que están tratando de recordar si habrás matado a alguien, y las que están ocupadas en finos versos dedicados a la madre que parió a Murphy.

Como te decía, Hugo, no has sido tú sólo el que ha tenido una semanita gloriosa. La mía no ha llegado al nivel de la tuya; pero ya sabemos que en estos lances eres difícil de superar... Empezó el lunes, como suelen hacer todas las semanas decentes y respetables, cuando la lié de manera muy estúpida preparando el café por la mañana temprano. Habéis probado a poner primero el café y luego el agua en una cafetera italiana? El Iván sí, y es un sin diós. En aquel momento preferí pensar que la culpa era de Kamila, que se vino de visita desde Varsovia unos días y, como el domingo era su último día, nos dejamos liar para salir de juerga. El sueño atrasado fue sin duda la causa de mi necesidad de dos intentos para poner la cafetera, con el consiguiente desaguisado de sacar el café del filtro. Desaguisado, sí, está comprobado cientificamente que la probalidad de que se te caiga la mitad tiende asintóticamente a uno.

Detalles, son nada más que detallitos, como que luego, por la tarde, me volví a olvidar el bote de gel y mi querida (por ser única) goma del pelo en el gimnasio; el bote, por supuesto lleno, Murphy no hace las cosas a medias. Mongolín de oro! Después ocurrío algo casi inaudito: me corté con un cuchillo preparando la cena. A vosotros os parecerá algo normal; pero a un servirdor le sobran los dedos de una mano para contar las veces que se ha cortado con un cuchillo a lo largo de sus esplendorosas veintinueve primaveras y treinta otoños. Manda güevos! Tranquila mamá que no ha sido nada. Un corte de esos pequeños, que se empeñan en no dejar de sangrar cual gorrino en San Martín. De los que luego escuecen que joden durante una semana con el vinagre, la sal, el tomate, el limón y todo uno tiene por costumbre usar para hacer ensaladas... 'Pasa na', me dije, ahora te sientas a escribir algo en Bitácora, les cuentas algo gracioso a tus amados lectores, pa'relajar, que mañana será otro día. Por qué no me metí en cama? Ya os conté lo que pasó... Hala, sed buenos, miraos la entrada anterior y no me hagáis recordarlo... Kill Bill... Qué gran película!

Pero esto no fue todo, amiguetes, lo mejor estaba por llegar. Martes, por fin, día del dichoso examen del curso de rayos X que me tuvo escribiendo informes de prácticas el último mes y medio; a mis años. En principio todo muy fácil, muy claro. Examen oral, media hora por barba, diez temas debidamente explicados en el libro de turno y en las entretinas clases de Jens Als Nielsen. Qué problema iba a haber? Llevo pegándome con con esos fotones despendolados desde que llegué aquí, mal que bien, se de que va la fiesta; salvo que les diese por mandarme calcular algo a lo bruto, los años alejado de los libros no perdonan, aquello era un trámite. Ja! Y una mierda. Uno que llega. En la mesa de los examinadores un batiburrillo de papelitos verdes. Coge uno. Mmm... Me acabo de perder. Me lo pueden explicar? Explicar qué? Coges un papel, y el tema que te toque lo expones. Así, a lo bruto, enterito? No, hombre, puedes usar tus notas. Qué notas? Las que tenías que haber preparado para exponer los temas. La cagamos Luis... Aquello era una representación tragico-cómica de la peor pesadilla de Phi: en una oposición y sin notas, ni libros, ni na'.

A aquellas alturas, me vino a la memoria cierta conversación en Suiza con el sujeto que me estaba indicando con un amable gesto de su manos los putos papelitos verdes. Tú tranquilo, será un examen oral normal y corriente, pondremos toda la información en la página güeb del curso. Y una mierda! Allí sólo estaban el lugar, la fecha y la hora; del formato, de que te podías, de hecho debías, llevar unas notas preparadas para cada tema, ni palabra.

Sedatio et tranquilitas, colega. Venga, que esto te lo sabes. En peores plazas hemos toreado. Si pudiste improvisarte cinco horas de partida de rol en nochevieja, media horita de divagaciones sobres rayos X no son nada. Coge un papelito, venga... Redoble... Plano corto sobre la mano. Plano corto de la mirada. Mano. Mirada. Tchun-chung.
Tchun-chung. Tchun-chung. Iijh-iijh! Entonces Murphy me poseyó, no hay otra explicación, y con su manaza de cerdo cogió la tira de papel que ponía...

Cristalografía en 2D del sistema cobre-oxígeno.

No podía ser otro, noooo. Tenía que haber salido aquel. El único puto tema que sólo había mirado por encima, porque eran nada más que un montón de detalles técnicos y peculiares de aquel sistema, que para mi trabajo me la soplaban y, en caso de que me hiciese falta algún día, ya sabía donde buscarlo. Mecagüen!!

Chuspenso claro... O como dijeron ellos: hemos decidido que te vamos a dar una segunda oportunidad.

Conste, que a pesar de todo, conseguí contestar a más de la mitad de las cosas que me preguntaron. Razonando, tranquilo, haciendome las cuentas con las manos... Claro, porque si esto es una gaussiana, entonces su transformada de Fourier es otra, y esto es tal que así, con un factor dos pi que debería salir de por acá... Ya, ya; pero por qué no echas la cuenta? Qué pasa que está mal? No, pero mejor si haces la cuenta. Ya, pero es así sin notas, nos van a dar la uvas y meto la pata seguro; suponiendo que sepa por donde empezar. Nadie te dijo que tenías que traer notas para exponer cada tema? Nop. Deberías haber preguntado a un compañero. Un ejem mental, un suspiro y un diplomático, sí, sí, culpa mía por no preguntar, para otra vez ya lo sé. Choque cultural que se llama, no te jode. Lo peor es que un día de estos tendré que ponerme a perder el tiempo preparando una presentación por cada uno de los dichosos temas.

Y así estamos. Y otras muchas bobadas por el estilo que os podría contar de estos últimos días con Murphy. Menos mal que hoy parece que las aguas vuelven a su cauce. Por ejemplo, cuando volví al gimnasio me encontré, donde los había dejado, el gel y la goma del pelo. Je je... Además, no todo ha ido mál esta semana. El lunes nos cayó la primera nevada de un invierno que parecía que no iba a llegar nunca. Lo ha dejado todo con una bonita capa de nieve y el termómetro no a vuelto a pasar de cero. Eso a provocado la anécdota graciosa del día. Salgo de entrenar, con el pelo un poco húmedo después de la ducha de rigor; es difícil no salpicarselo un poco, vale? Bueno, pues se me ha congelado de camino a casa! Flipa! Se me ha congelado el pelo! Me moría de la risa. Era como tener cables en vez de rizos. Veinte segundos en casa, con la calefacción y tema resuelto; pero fue gracioso.

P.S.- Veis, hoy que lo he ido guardando no se ha colgado...

3 comentarios:

  1. Ta bien eso de que Murphi vaje...
    ah! Hugo: su madre sabe cocinar arroz y mas cosas.
    Vamos a ver, chico: NO TE DIJE QUE NO SE SALE A LA CALLE CON EL PELO MOJADO!!!
    Que cruz!!! es que no escuchan...

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  2. Pues yo la experiencia de pelo escarchado la recomiendo al menos una vez en la vida.

    Vaya semanita, cariño. Hay días en que valdría más no salir de la cama. Por cierto lo de la cafetera no me ha quedado muy claro...

    En Madrid empieza a remitir la epidemia, a ver si es verdad.

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  3. Ya maa, si te entiendo; pero no iba a esperar una hora a que se me secase para volver a casa... Y no deja de tener su gracia :) Y lo del arroz, confiesa, no es lo que mejor te sale, jeje.

    Bueno, Phi, esos días al final sirven para templar el espíritu y tener cosas que contar en un blog ;)

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