Uno empieza con algo que no quiere hacer. Una mala idea. Un mal plan para la tarde del domingo. Una imbecilidad. No va a salir bien. . . Luego miramos la previsión del tiempo: va a hacer
sol. Esto último a lo mejor requiere algún matiz: en Copenhague, 55 grados de latitud norte, 30 de enero, ¡va a hacer sol!!! . . . Que no calor, eh, no nos confundamos. Teníamos que celebrarlo, o sea, había que llevar cámara de fotos.
Recapitulemos: un puñado de personas, un mal plan, un día de sol, una cámara de fotos y algo de pensamiento lateral. Así es como se convierte una imbecilidad en una soberana imbecilidad. Y, de repente, un mal plan es la manera más divertida de la historia para pasar una tarde de domingo. Moraleja: si cuatro personas tenéis que cargar un sofá, una mesa y una alfombra, a lo largo de kilómetro y medio, tomaos un descanso en un lago helado. Crearéis el mejor salón del mundo y haréis amigos. Y al carajo con tardar media tarde en vez de media hora.

