martes, 1 de junio de 2010

Estabul 2010: Ponerse las pilas

Eso es lo que van a tener que hacer en Maranello: ponerse la pilas. Es preocupante que en circuitos de aerodinámica y potencia, como Estabul y Montmeló, algo en que los coches rojos siempre han destacado, de repente se encuentren casi un segundo por detrás de sus rivales. Aunque es cierto que la diferencia se nota sobre todo en la clasificación, porque durante la carrera, tanto Felipe como Fernando, rodaron apenas unas décimas más lentos que McLaren y Red Bull. Incluso creo que podían haber ido más rápido de no haberse visto atrapados en el tren que hicieron Schumy y Rosberg; pero es el problema de clasificar mal los sábados, que con coches tan igualados es casi imposible adelantar. Aunque la estrategia funcione a la perfección, lo que le permitió al neno recuperar dos puestos, y aunque se sacase de la manga un par de vueltas imposibles para robarle la cartera a Petrov. Quizá lo único bueno que podrá sacar Ferrari de su Gran Premio número 800.

Y hablando de Petrov, bravo por el ruso. Por primera vez ha estado al nivel de Kubica, y eso son palabras mayores. Además, ha quedado claro que la mejoría de Reanult es algo más que una racha de buena suerte. Los coches amarillos se codean de tú a tú con los grandes otra vez. Darán algún disgusto más esta temporada.

Algo que pasó desapercibido fueron las estrategias de Toro Rosso y Williams. Se jugaron la carrera a dos paradas. Dieron las cincuenta y ocho vueltas con el cuchillo entre los dientes y sin preocuparse por cuidar las gomas. Eso les sirvió para recuperar el tiempo perdido en su parada extra a base de adelantamientos. Cuando las gomas frescas te permiten ir tres segundos por vuelta más rápido que tus rivales, adelantar es "facíl". Me gustaría ver este tipo estrategias agresivas entre los equipos punteros. Y aún me gustaría más saber que tenían en mente los ingenieros de Bridgestone cuando se les ocurrio diseñar neumáticos capaces de aguantar toda la carrera. . .

Con los detalles zanjados, analicemos el momento. Ese momento que definió la carrera y convirtió lo que estaba siendo un tostón en algo de lo que se hablará durante años: el adelantamiento de Vettle a Webber. Y sí, digo adelantamiento y no intento de adelantamiento. Lo cual debería dejar clara mi opinión: la cagaste Webber. Tú y tu ingeniero de pista.

Corría la vuelta cuarenta cuando su ingeniero le dice a Mark Webber que tiene que empobrecer la mezcla de combustible y empezar a economizar. Lo que no le dice es que Sebastian Vettel aún puede llevar el grifo abierto una vuelta más, porque, al haber ido a rebufo toda la carrera, su coche ha consumido menos. Así, Vettel se encuentra atrapado entre Webber, que de pronto es más lento, y Hamilton que, no nos olvidemos, llevaba veinte vueltas pegado a medio segundo de su difusor. Vettel no tiene otra opción, no puede levantar el pie en la recta porque Hamilton, con ese McLaren que tiene 15 km/h más de velocidad punta, le va a quitar las pegatinas. Vettel tiene que adelantar a Webber. El australiano, a quien nadie le ha explicado la jugada del combustible, piensa que el movimiento de su compañero lo causa la avaricia en vez de la necesidad y decide abrir su caja de trucos sucios. Primero, su táctica habitual: arrinconar a su rival contra la hierba. Vettel sabe que ya no hay marcha atrás, es más rápido y tiene que pasar. Y pasa. Entonces Webber parece ceder, parece que por una vez no va a aguantar el órdago hasta el final y se abre cosa de un metro. Vettel no duda, va por delante, sabe que los dos tienen que volver a la parte limpia de la pista para evitar pasarse de frenada y ver como Hamilton les adelanta, así que se tira hacia la derecha sin pensarselo dos veces. Entonces Webber pone en práctica su segunda táctica habitual: la PMC32 (Por Mis Cojones 32). Decide que se la suda todo, que no va moverse, que van a frenar los dos por lo sucio y a ver quien se raja antes. Con dos cojones. . . Pero ya era tarde. Vettel ya se ha lanzado hacia a lo limpio, cierto es que de forma un tanto agresiva; pero él va delante, tiene preferencia, lado bueno en la frenada y lo demás son disculpas. Disculpas y un doblete tirado a la basura. Sale humo de las ruedas al tocarse. Saltan piezas del alerón delantero de Webber. El coche de Vettel gira sin control fuera de la pista con el neumático trasero derecho destrozado. Webber lo rodea casi de milagro. Mientras, Hamilton y Button pasan de largo para recoger el regalito que les espera tras la bandera a cuadros.

Aunque todo parece muy fácil visto desde la barrera después de dos días, la situación, subidos en los coches debió parecer muy distinta. Lo parece bastante claro es que Vettel no tenía opciones. Tenía que adelantar a Webber o dejar pasar a Hamilton. Tenía que volver a lo limpio o salirse de la pista. Mientras que Webber sí tenía opciones. Podía haber vuelto a la trazada limpia y formar parte del doblete. Igual que hicieron Button y Hamilton unas vueltas más tarde. Fue la misma situación, la misma jugada; pero ellos siempre se dejaron el uno al otro con opciones. Nunca llevaron las cosas al límite que las llevó Webber. Es una mala costumbre del australiano. No es la primera vez y me temo que no será la última que hace algo así. Igual que a Schumy, le gusta poner a sus rivales entre la espada y la pared, y que decidan ellos: o te rajas o nos vamos los dos fuera, tú veras. . . Y vimos, el domingo vimos todos muy claro lo que pasó. Lo que creo que no vamos a ver, por aquello de guardar las formas, es a quién le van a poner las pilas en Red Bull.