He crecido entre el mar y las montañas. He pasado la mayor parte de mi vida teniendo que mirar al mar cuando quería ver el horizonte; la tierra llana es algo antinatural. Rocas y montañas, bosques y cascadas forman el paisaje de mis recuerdos. He subido y bajado montañas, corriendo, saltando, brincando; he han hecho reir y llorar, me han hecho sudar y tiritar, me han empapado y me han secado, me han acariciado y arañado y aún así, los Alpes me han acojonado. Acercándome a ellos desde el norte, cruzando la llanura entorno a Munich por una autopista sin límite de velocidad, los vi surgir, primero como una sombra blanca en el horizonte, luego como una muralla descomunal de roca oscura y atalayas níveas. Se alzan sin previo aviso desgarrando la llanura, descomunales e impasibles: no pasarás. Con la misma reverencia con que uno cruza las puertas de una catedral, pasé ante los guardianes de piedra, en un abrir y cerrar de ojos, desapareció la llanura y el mundo de convirtió en una sucesión de valles nevados rodeados de picos majestuosos. En uno de esos valles, no muy lejos de Salzburgo, se encuentra Maria Alm, un pueblecito donde casi todo son hoteles para esquiadores. En uno de ellos me pasé la semana, alternando el tiempo entre charlas científicas, ilustrativas algunas y aburridas las que más, y aprender a hacer snow-board.
- Ligera distensión de ligamento interno en la rodilla derecha.
- Contusión en el glúteo derecho (la nieve no es tan blanda como dicen).
- Pequeña rotura de fibras en la sección central derecha del recto abdominal (y no fue de reirme, aunque duele cuando lo hago).
- Leve contractura en el area superior del lumbar derecho (para compensar).
- Contusión en la inserción cubital de la muñeca izquierda (no siempre me caía de culo).
- Ligera distensión en el codo izquierdo (esa ya casi ni la noto).
Lo de las agujetas, sobre todo en los antebrazos y triceps (manda güevos!), ya lo dáis por supuesto; pero lo que no sé si sereis capaces de imaginaros es la satisfacción de estar allí arriba, con el sol brillando en el cielo azul, tiñendo de dorados y púrpuras la nieve de cumbres y valles. Allí, con el aliento del invierno refrescandonos la cara, sentados en el silencio invernal, compartiendo una cerveza alejados del bullicio de las pistas marcadas, contemplando a nuestros pies la ladera de nieve prístina, inmaculada y virgen. Y dejarnos caer gritando de alegría y adrenalina, contener el aliento entre los susurros de la nieve. Sssshhhhh. . . Deslizarse con la tabla sobre un metro nieve virgen es como hacer el amor entre sábanas de seda.